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Hace unas semanas fui a sacar fotos al recital de Miss Bolivia en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Para los que no lo saben el espacio funciona en la Ex ESMA. Hasta ese día siempre había mirado la ESMA desde afuera. Casualmente había pasado unos días atrás caminando por fuera. La recorrí de punta a punta por la vereda desde la Avenida Crisólogo Larralde hasta la General Paz. Mi caminata se caracterizó por el silencio. Parece mentira que al recorrer ese trayecto, transitado por infinidad de autos y colectivos, los sonidos no me llaman la atención. En cambio, la reja y todo lo que está detrás, se erige inmóvil y desierto, como amenazante.

El día del recital, llegué solo y caminé despacio por dentro. Esos pabellones con muchas entradas y pocas salidas dominan el paisaje. Las escaleras que bajan hasta una pequeña puerta que parece empotrada a la fuerza en el edificio me aprietan un poco el pecho. Camino casi sin desviarme, casi como con un tímido respeto, hasta llegar al Conti. Al entrar al edificio donde se encuentra el auditorio y la sala de exhibiciones, rápidamente me chocó el contraste. Un lugar lleno de luz, como que el cambio se sienta respecto de la densidad del aire que reina en el exterior.

Lo que vino después fue mágico. Un grupo de gente que respira arte y buena onda. Gente amiga y gente que veo por primera vez en mi vida. Todos juntos. Tacitamente nos abrazamos con las miradas porque acá se vino a resignificar el horror. O como lo dijo Paz, a exorcizarlo.

Al entrar al auditorio miré el piso. Ver los pisos originales poblados de miles de pedazos de madera fue un shock. Los pisos de la ESMA. Es como si pisarlos pudiera transmitirme parte del horror. La foto acá debajo lo retrata.

El resto es historia. Miss Bolivia puso toda la fuerza que lleve en ese armónico pero escueto cuerpo y puso a todos a bailar. Esa energía copó el Haroldo Conti y la memoria se hizo presente. Porque nosotros podemos bailar en medio del horror. Y bailando cambiamos todo, pero sin olvidar nada.

Y es por eso que puedo decir que entré a la ESMA y salí del Centro Cultural de la Memoria.

Gracias.

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